22 de diciembre de 2025

Publicidad Navidad: Where Love Lives | John Lewis & Partners

Algo que destaco de esta época de Noviembre/Diciembre que me gusta mucho, es la espera, la intriga de como serán las publicidades de Reino Unido para las fiestas, ya son muy famosas, mucha gente las disfruta, sobre todo a los que nos gusta las narrativas, y vemos en las publicidades un mecanismo que funciona muy bien.

Este año, me ha gustado mucho esta que les dejo a continuación, una excelente idea, demostrando que a veces lo mas simple, lo mas sincero y emotivo no tiene nada que ver con la espectacularidad, sino mas bien con las vivencias cotidianas. Que la disfruten! Saludos, y muy felices fiestas!




14 de diciembre de 2025

“Call the Midwife”: ternura, luchas reales y el invevitable transcurrir del tiempo

Sentarse a ver Call the Midwife —o “Llama a la comadrona”, como la conocen en español— suele ser como refugiarse en un sofá cálido, te envuelve con su nostalgia, sus dramas humanos y su lucha cotidiana.
Pero con tantos años en la tv abierta inglesa, me parece que es necesario poner las lupa en las consecuencias cuando las historias se estiran demasiado. Lo difícil, es convivir con el paso de las temporada y por qué, para muchos críticos que he leído, el encanto original fue perdiendo su brillo.

Lo que hizo (y hace) que Call the Midwife valga la pena

- Una ventana honesta a historias poco visibilizadas: Desde su origen, la serie se basa en las memorias de Jennifer Worth, quien trabajó como partera en el East End de Londres en los años 50 y 60. 
Eso le da a Call the Midwife una base real, vivida, no hay glamour vacío, es un retrato de pobreza, desigualdad, vida dura, sueños, muertes, nacimientos; es lo humano en su forma más cruda y también en su forma más frágil.

- Un drama social con corazón y valentía moral: Aunque la atmósfera suele ser “acogedora”, la serie no rehúye temas fuertes: pobreza post-guerra, mortalidad infantil, enfermedades, abortos inseguros, pobreza, injusticias para mujeres, inequidades sociales.
Muchas críticas que leí la definen como una ficción “subversiva” porque detrás de los partos, los recién nacidos y los días grises, hay una serie consciente de los dramas reales, de las injusticias, del sufrimiento que muchas veces la historia oficial deja de lado. 

- Personajes entrañables, humanidad y esperanza en medio de la adversidad: El elenco —matronas, monjas, vecinas, familias humildes, madres, niños— funciona porque la serie respeta la dignidad de sus historias. Humor leve, lágrimas contenidas, alegrías fugaces, miedos reales: hay crudeza y ternura, a veces en una misma escena.
Y también: representa “sus voces” con mucho respeto, las de mujeres, pobres e invisibles. En un contexto pos-guerra donde esos relatos no eran normales de encontrar, Call the Midwife les dio visibilidad. 

- Un éxito de audiencia y su vigencia durante años: Desde su estreno en 2012, la serie conquistó audiencias enormes. La BBC la renovó una y otra vez: lo que comenzó como una ficción modesta basada en memorias pasó a ser un pilar del drama televisivo británico. 
A pesar de su ritmo pausado, muchas veces envuelto de nostalgia, logró que historias cotidianas, humanas y dolorosas llegaran a millones de personas: un logro difícil en tiempos de sobreproducción y ruido constante. 

Lo que se está perdiendo con el paso de las temporadas

Varias reseñas leídas sienten que la serie “se fue perdiendo con el tiempo” Con tanto recorrido (más de una década, muchas temporadas, cambios de elenco, actualizaciones históricas)  Call the Midwife fue modificando su equilibrio. Y para algunos espectadores ese cambio implicó pérdidas importantes.

Tiene un ritmo mas suave, menos crudeza y menos riesgo. En sus primeros tiempos, la serie tenía un balance entre ternura, drama social y cruda realidad. Con los años, ese balance se desplazó hacia lo “seguro”: historias más suaves, menos impactantes, conflictos menos extremos. Para algunos, perdió la fuerza del dolor real. Encontré una reseña que se refería a que su tono “heart-warming” a veces roza lo cursi. Muchos sienten que los clímax dolorosos, los dilemas intensos, las tragedias que hacían crujir la cotidianeidad, fueron reemplazados por melodramas más “amables”.

También acusa un desgaste por longevidad, con cambios de personajes y repetición de miradas sobre algún tema en particular.
Con el paso del tiempo, muchos personajes originales desaparecieron, otros envejecieron, se sumaron nuevas caras, nuevas familias, nuevas historias. Esa renovación generó un cierto desdibujamiento, lo que antes era íntimo se hizo coral; lo que era crudo se hizo tenue.

Hay que reconocer que a lo largo de las temporadas, el contexto histórico cambia, y con él, la verosimilitud.
Al avanzar en el tiempo dentro de la serie, las condiciones sociales, médicas y culturales cambian. Pero queda en evidencia que la serie a veces ajusta sus conflictos para que funcionen como drama contemporáneo más que como retrato histórico. Eso puede suavizar el impacto real que tenían ciertos problemas en la época. 
También se siente la perdida por el “East End pobre, crudo, post-guerra”. A medida que la serie alarga su línea temporal, esa crudeza se diluye: el barrio deja ser un pantano social para volverse un barrio más “normalizado”.

Por qué sigo creyendo que vale la pena

Si algo aprendí viendo Call the Midwife es que la vida no suele tener broches dorados ni finales limpios. Tiene heridas, silencios, decisiones pequeñas que pesan, nacimientos, muertes, renuncias, esperanzas rotas, sueños a medio armar. La serie, en su esencia, lo ha retratado con ternura, con crudeza, con humanidad.
Lo que no me convence del todo, es que esa evolución a veces implicó suavizar, embellecer, domesticar. Que la pobreza dejó de pesar, que los conflictos se resolvieron con ligereza, que el drama se transformó en confort.
Aun así, si pienso en lo mejor de Call the Midwife, pienso en aquellas historias que llenaron de voz a mujeres olvidadas, en vidas que merecieron nacer y sentirse, en medicinas emocionales administradas sin jeringas, con palabras, con empatía y con cuidado.

Por eso, si doy un veredicto honesto: Call the Midwife sigue valiendo muchísimo. Pero al verla ahora, siento que miro un retrato distinto al original; uno teñido por el paso del tiempo.

9 de diciembre de 2025

Volvió Dix pour cent a Netflix: por qué sigue siendo imperdible

Hay series que cuando reaparecen en el catálogo de una plataforma de streaming, generan una especie de sonrisa automática. Eso pasa con Dix pour cent (o Call My Agent, como la conocen muchos).

Ahora que Netflix la volvió a poner en circulación, es una oportunidad perfecta para volver a sumergirse en ese universo tan atípico para nosotros: el detrás de escena del mundo del espectáculo, contado con humor, ternura, ironía y personajes absolutamente entrañables.

Por qué Dix pour cent sigue tan vigente

Lo primero que hay que decir es que esta serie tiene algo rarísimo y valioso: es divertida sin ser superficial, ácida sin ser cínica, y emotiva sin volverse empalagosa.

La premisa es simple: seguimos la vida de los agentes de una prestigiosa agencia parisina que representan actores y actrices famosos. En cada episodio, una estrella real interpreta una versión (maravillosamente exagerada) de sí misma. Pero eso es solo la excusa, porque en el fondo, Dix pour cent no va tanto de celebridades como de: egos frágiles, relaciones de poder, lealtades traicionadas y recuperadas, vocaciones en crisis y ese equilibrio imposible entre la vida personal y el trabajo.

Cada personaje tiene capas. Andréa, con su coraza de hierro; Mathias, adorable y desastroso; Gabriel, perdido entre el amor y la vocación; Arlette, leyenda viva con más humanidad de la que aparenta. Es imposible no encariñarse.
Y después está París, que no es postal turística, sino escenario vivo: oficinas, bares, rodajes caóticos, pasillos donde se negocia el destino de una carrera en dos frases.

El humor de Dix pour cent: su arma secreta

Lo que hace especial a esta serie es su tono. El humor no viene del chiste fácil, sino de las contradicciones humanas, lo que se dice y lo que se piensa, las situaciones incómodas que todos hemos vivido, solo que acá amplificadas por el mundo del espectáculo.
Te reís, pero también te quedás pensando. Y a veces, te queda incluso un nudo en la garganta. Porque detrás del glamour hay mucha soledad, mucha inseguridad y mucho miedo a dejar de ser necesario.

Por qué la reposición en Netflix importa

Que vuelva ahora no es casual. En un momento donde abundan las series oscuras, violentas o hiperintensas, Dix pour cent ofrece algo distinto: una serie adulta sin ser oscura, inteligente sin ser pretenciosa, profunda sin dejar de ser ligera.
Es ideal tanto para quienes la vieron en su momento y quieren revivirla, como para quienes nunca la descubrieron y ahora pueden hacerlo de corrido, sin esperar temporadas.

Qué ver si te gustó Dix pour cent

1. The Morning Show
El detrás de escena de un noticiero estadounidense. Mucho ego, poder, manipulación y vulnerabilidad. Menos humor, más tensión, pero el mismo retrato humano de un mundo competitivo.

2. Beef
Otra liga emocional, pero comparte algo clave con Dix pour cent: los personajes no son ni buenos ni malos. Son humanos, y eso bien retratado la vuelve fascinante.

3. Emily in Paris
Más liviana, más estética, menos profunda, pero si te atrapó París como escenario y el mundo laboral creativo, esta es una buena continuación relajada.

4. Hacks
Una joya sobre el mundo del stand-up, el paso del tiempo, el ego artístico y la relación entre generaciones. Inteligente, ácida y muy humana.

5. Entourage
La versión masculina, más caótica y más excesiva del mundo del espectáculo. Menos refinada, más desenfrenada, pero comparte ese vínculo con el detrás de escena.

6. Master of None
Para quienes disfrutan las series sobre vocación artística, vínculos, dudas existenciales y la vida en las grandes ciudades.

El verdadero legado de Dix pour cent

Más allá del éxito, de los cameos brillantes y de su maquinaria narrativa perfectamente aceitada, Dix pour cent deja algo más profundo: la certeza de que incluso detrás del glamour, las alfombras rojas y las sonrisas públicas, seguimos siendo personas buscando aprobación, amor, seguridad y sentido. 
Y esa, creo yo, es la razón por la que sigue funcionando tan bien hoy como cuando se estrenó.

Saludos, y nos estamos leyendo la próxima!

4 de diciembre de 2025

The Forsytes: nueva versión, viejas pasiones

Ví la primera temporada de la nueva adaptación de la saga, me pregunto: ¿Puede The Forsytes seguir sorprendiendo en 2025? Con los primeros capítulos me convencí de que la respuesta es un tanto tibia: sí, hay belleza, drama, conflictos que siguen funcionando, pero también hay decisiones que obligan a resignar partes de lo que hizo grande a los libros.

La nueva serie es excelente visualmente. Pero no es “la” saga de Galsworthy: es una re-interpretación moderna con luces y sombras. Y creo que vale la pena recorrer lo bueno, lo cuestionable, y por qué para algunos lectores de la saga, la adaptación será un éxito y para otros una serie desabrida.

Un poco de historia: qué son los libros y por qué importan

The Forsyte Saga es en realidad una serie de tres novelas —publicadas entre 1906 y 1921— más dos interludios. Con ellas, Galsworthy construyó un retrato generacional de una familia de “nuevos ricos” ingleses, obsesionada con la propiedad, el estatus, la estabilidad, marcada por las tensiones entre deber, deseo, tradición y modernidad. 
Los personajes centrales —como Soames Forsyte, Jolyon Forsyte Jr., Irene Heron — representan distintos modos de concebir el mundo: la propiedad frente al amor, el conservadurismo frente a los actos de libertad, lo seguro contra lo incierto. Esa tensión entre lo moral y lo social, fue la columna vertebral de la novela. 
A lo largo de los años, la saga fue adaptada varias veces: la versión clásica en blanco y negro de 1967, la más conocida de 2002, etc. En ese sentido, esta nueva versión llega con la carga de expectativas, nostalgia y con el riesgo inevitable de reinterpretar lo que en la novela era muy específico de su época.

Qué ofrece: lo que me convenció

Si estás viendo esta nueva versión y te gusta el “costume-drama”, hay varios elementos que claramente están pensados para maravillarnos:

- Una producción visual cuidada: vestuario, escenografía, ambientación. El lujo, los salones, el estilo victoriano tardío: todo funciona. Esa mezcla entre lo elegante, lo cerrado, lo tradicional, pero también la opresión de los valores familiares. 

- Personajes que empiezan a “respirar”: la serie le da un peso mucho mayor a los personajes femeninos que la novela. Según la adaptadora, Debbie Horsfield, la idea fue "redress the balance" (dar más voz a las mujeres) — sin eliminar a los hombres. 

Esto implica que personajes secundarios o menos “centrales” en las novelas podrían tener ahora líneas más visibles, conflictos propios y algo más de agencia. Para quienes leemos con perspectiva contemporánea, puede ser una oportunidad valiosa de re-lanzar la saga bajo otra mirada.

- Drama, romance, tensión, secretos familiares con excelente ritmo para enganchar desde el piloto. Las peleas por la herencia, las diferencias de clase dentro de una familia adinerada, los amores prohibidos, los triángulos amorosos, las disputas de poder, está todo ahí. Si te gustan las sagas familiares ambientadas en épocas pasadas, esta versión tiene condimentos mas que suficientes para atraparte. 

- Atractivo para nuevas generaciones: la serie funciona como puerta de entrada para quienes no conocían los libros ni las adaptaciones anteriores. Así que, sin nostalgia o comparaciones previas, puede disfrutarse como un melodrama histórico con estética moderna. 

Pero también hay sacrificios: Lo que no me convenció

La adaptación no elude los cambios, y algunos son bastante grandes. Si leíste los libros y esperás fidelidad, prepárate para las decepciones:

- No es una adaptación “fiel”: los responsables reconocen desde el inicio que no iban a hacer un “copy-paste” de las novelas, sino reinterpretarlas. Así, la estructura, el enfoque narrativo y el peso de ciertos personajes cambian. Por ejemplo: en esta versión el conflicto inicial familiar se reconfigura, se mueven casas, se reorganizan relaciones, lo que altera la dinámica original. 

- Algunos cambios molestos al espíritu original: se advierte enseguida que detrás del barniz de la producción, las buenas locaciones, los buenos actores, el esplendor visual, hay un guion que a veces “suena falso”: diálogos modernos, maneras de actuar que se sienten poco “del siglo XIX”, y una sobreexposición de la sensualidad y el drama que parece más “soap opera” que “drama literario”. 

- Riesgo de diluir los matices morales: parte de la grandeza de los libros de Galsworthy era su sutileza: personajes complejos, ninguno completamente bueno o malo, decisiones ambiguas, ambivalencias emocionales. En esta versión, por la necesidad de condensar tramas y generar tensión rápida, la serie parece inclinarse más hacia los contrastes claros (víctimas, traiciones, pasiones intensas) lo que podría simplificar la riqueza moral original. 

- Ritmo y tono contemporáneos más que históricos: el “glamour victoriano” suena más a reinterpretación moderna del glamour (un poco entre Downton Abbey y Bridgerton) que a una recreación histórica fiel. Las tensiones, los conflictos, los debates morales se ajustan para el público moderno, lo que puede chocar con quienes buscan autenticidad histórica. 

Por eso, creo que la serie va a dividir mucho: habrá quienes la amen como un drama elegante, romántico con conflictos intensos, y quienes la critiquen por “modernizar” la novela original.

Mi mirada personal después de los primeros capítulos

Yo estoy en un punto intermedio, con la saga que leí, y lo que me gustan las series de época (reconozco que, en parte para el nuevo público, se deben modernizar) . Me gusta lo que están intentando: visibilizar voces femeninas, actualizar algunas tensiones de clase y género, hacer que la saga hable también al siglo XXI. Pero extraño la sutileza de Galsworthy con sus personajes moralmente ambiguos, con un lirismo sutil que no necesita grandes trucos para calar hondo.
Si viera The Forsytes sin haber leído la saga, probablemente me hubiera gustado más. Aceptaría con mejor ganas sus romances, traiciones, secretos, su escenografía y la tensión familiar. Pero como lector de los libros, siento que pierde algo esencial: esa ambivalencia en las personajes que te hace dudar, reflexionar, mirar con timidez y con juicio crítico al mismo tiempo.

En resumen, The Forsytes es una apuesta ambiciosa: una reinterpretación contemporánea de una saga clásica, con paisajes deslumbrantes, diseño de producción muy cuidado, conflictos de época replanteados y una sensibilidad más moderna, especialmente hacia los personajes femeninos.
Funciona muy bien como drama familiar, romántico, lleno de pasiones y traiciones. Pero si lo que buscás es la profundidad moral de Galsworthy, vas a extrañar los matices, y hasta los pliegues de sus personajes.

Espero que si tienen oportunidad de verla, me comenten sus impresiones. Saludos, y hasta la próxima!

30 de noviembre de 2025

Cine de Domingo: Train Dreams: la película que convierte lo mínimo en trascendente

Hay películas que buscan el impacto desde el exceso: grandes giros, grandes escenas, grandes discursos. Train Dreams, en cambio, hace todo lo contrario. Es una de esas historias que se cocinan desde el silencio, donde lo importante no está en lo deslumbrante sino en sus pliegues, en sus grietas. 

Desde los primeros minutos esto se nota: esta no es una película que quiera apurarte, ni tampoco explicarte más de lo necesario. Lo que hace es acompañarte a través de la vida de un hombre común —Robert Grainier— y dejar que seas vos quien entienda, quien complete, quien sienta. Una historia mínima contada con una sensibilidad enorme.

La adaptación respeta algo muy importante de la novela: la dignidad de lo pequeño. No seguimos a un héroe épico. No vemos grandes hazañas. Lo que vemos es la vida de un trabajador del Oeste americano de principios del siglo XX, con sus silencios, sus pérdidas, sus momentos efímeros de felicidad y esos golpes del destino que parecen minúsculos pero van formando una vida.
Lo extraordinario es que la película logra hacerte sentir que cada detalle importa: la forma en que Grainier mira el bosque después de la tragedia, el sonido del tren acercándose como una especie de destino inevitable, los planos abiertos donde el personaje parece casi tragado por el paisaje, y por sobre todo, el clima emocional donde lo cotidiano y lo espiritual se mezclan sin explicarse del todo.
El film tiene una delicadeza que no es común en el catálogo de Netflix: una apuesta por el ritmo pausado, por la mirada contemplativa, por dejar espacio para que el espectador respire.

Un personaje que se vuelve símbolo sin perder humanidad.

La actuación del protagonista es clave. Grainier no es un hombre que hable mucho, pero su rostro dice todo: el desconcierto cuando el mundo cambia más rápido que él, la forma en que carga el duelo sin que su vida frene del todo, la manera casi torpe pero sincera en que intenta reconstruirse.
No es un personaje “edificado” para que simpatices con él; es uno construido desde la honestidad. Ese tipo de interpretación que se siente más vivida que actuada.

Paisaje, memoria y fantasmas: los tres pilares de la película

Train Dreams funciona como una especie de elegía audiovisual. No solo cuenta lo que le pasa a Grainier, sino lo que le pasa al mundo alrededor de él.

1. El paisaje
Los bosques, los incendios, el río… todos funcionan como parte del estado emocional del personaje. En varios momentos se siente que estamos viendo más el interior de Grainier que el exterior.

2. La memoria
La película juega mucho con la sensación de que los recuerdos están desordenados, incompletos, casi como si fueran pedazos de algo roto. Y eso genera una sensibilidad preciosa: la historia avanza, pero no de forma lineal, sino emocional.

3. Los fantasmas
No fantasmas literales —aunque la película coquetea con lo extraño— sino de los fantasmas personales: la esposa perdida, la hija, la vida que no fue. Son presencias que no aparecen en pantalla todo el tiempo, pero están en cada gesto de Grainier.

Este trío convierte la película en una experiencia sensorial, más que narrativa.

La película deja varias cosas que vale la pena destacar:

1. Reivindica la vida de la gente común
En tiempos de historias grandilocuentes, Train Dreams recuerda que las vidas aparentemente insignificantes pueden contener una profundidad enorme. 

2. Recupera un paisaje emocional del cine americano
El Oeste como escenario íntimo, no épico. Una tradición que se estaba perdiendo y que acá reaparece con madurez.

3. Mantiene viva la narrativa de Denis Johnson
La película no intenta copiar cada página de la novela, pero sí captura su alma: esa mezcla de realismo y lirismo, de dureza y ternura, de mística y tierra.

4. Te acompaña después de verla
No todas las películas logran esto. Train Dreams no termina cuando aparecen los créditos. Se queda. Te hace pensar en tu vida, en las pérdidas que cargamos sin mostrar, en todo lo que seguimos adelante sin darnos cuenta de que era importante. Ese es su verdadero legado.

En sintesis, Train Dreams es, desde mi punto de vista, una experiencia delicada, humana, poética, que se toma su tiempo para contarte una vida que podría ser la de cualquiera… y por eso mismo se vuelve universal. Saludos, y nos leemos la próxima!

Les dejo el trailer, por las dudas no lo hayan visto aún:


26 de noviembre de 2025

Suite francesa: la novela que sobrevivió a su autora

Hay libros que nos llegan ya cargados con mucha emocionalidad, pero también lleno de sombras. 
Suite francesa es uno de esos libros donde la historia del libro y la historia de quien lo escribió resultan igual de poderosas. Y cuando uno conoce el destino de Irène Némirovsky, la lectura se vuelve todavía más intensa. Hoy quiero contarte un poco sobre la obra, su adaptación al cine y, sobre todo, la vida de una autora que merecía un final muy distinto.

Una novela escrita en medio del horror

Suite francesa no es una novela histórica escrita décadas después, con distancia, datos y perspectiva: es un retrato escrito durante la ocupación nazi en Francia. Irène Némirovsky lo redactó entre 1941 y 1942, viviendo en carne propia la persecución, el miedo y la incertidumbre. Quizás por es tan vibrante, casi urgente. No hay nostalgia, no hay reconstrucción: hay presente.
Personas huyendo de París, familias acomodadas de repente convertidas en refugiados, soldados ocupando casas ajenas, pequeñas traiciones, actos de bondad inesperados, amores fugaces… y todo narrado con esa mirada aguda, detallista y humana que caracterizaba a la autora.
Lo que impresiona es la lucidez con la que escribe en medio del caos. No hay rencor, no hay golpes bajos. Hay observación, sensibilidad y una especie de serenidad dolorosa que atraviesa cada página.

Irène Némirovsky: una vida brillante con un final desgarrador

Irène nació en Kiev, hija de una familia judía acomodada que escapó de los pogromos. Llegaron a París, donde ella creció, estudió en la Sorbona y se convirtió en una escritora reconocida desde muy joven.
Publicó novelas exitosas, movió contactos en la alta sociedad francesa y parecía tener una vida literaria asegurada… hasta que el antisemitismo se volvió ley.

A pesar de que Irène se había convertido al catolicismo, a pesar de que llevaba décadas en Francia, a pesar de su prestigio: nada la protegió.
En 1942, fue arrestada y deportada a Auschwitz, donde murió pocas semanas después. Su marido, Michel Epstein, también fue deportado y asesinado. Sus dos hijas sobrevivieron porque una familia las escondió.
Y acá viene lo más conmovedor: fueron esas hijas quienes rescataron el manuscrito de Suite francesa. Durante años pensaron que eran simples notas; recién décadas después lo leyeron completo… y descubrieron que su madre había dejado una obra maestra inconclusa.

La adaptación al cine (2015)

La película dirigida por Saul Dibb, con Michelle Williams y Matthias Schoenaerts, toma principalmente la segunda parte de la novela, titulada Dolce. Visualmente es muy cuidada, con un tono íntimo y melancólico que respeta el espíritu de Némirovsky.
No es una adaptación literal—porque el libro está inacabado y la película necesita dar cierre a lo que la historia real no pudo cerrar—, pero sí conserva la delicadeza, la sutileza en los vínculos y ese clima de tensión silenciosa propio de la ocupación.
Si uno ya leyó la novela, la película funciona como complemento emocional; si no, puede ser un buen punto de entrada para después ir al libro con la sensibilidad afinada.

Por qué este libro sigue vigente

Creo que Suite francesa sigue impactando por dos motivos:

1. Porque está escrito sin saber el final
La autora no sabía que moriría, pero intuía la amenaza. Y esa mezcla de miedo y lucidez le da al texto una profundidad única.

2. Porque muestra la guerra sin héroes ni villanos planos
No son escenas épicas, sino detalles cotidianos. Personas que huyen, que sobreviven, que hacen lo que pueden. Eso la vuelve cercana, auténtica y dolorosamente humana.

Leer Suite francesa es entrar en la mente de una mujer brillante que no tuvo la oportunidad de terminar su obra más ambiciosa. Saludos, y hasta la próxima!