10 de diciembre de 2006

Un Enigma oriental // Capítulo 4



Un Enigma Oriental
Por Estanislao Zaborowski



Capitulo 4

La construcción que funcionaba como residencia universitaria desde mediados de la década del 90, estaba edificada en cuatro pisos divididos en dos cuerpos. El frente para los hombres y el contrafrente para las mujeres. En los últimos tres pisos se ubicaban las habitaciones. Las había simples como la que ocupaba desde mi llegada y también compartidas.
Los pasillos eran corredores que llegaban de un extremo a otro del piso. Sus paredes estaban recubiertas por paneles de madera roble lustrada de los cuales colgaban copias de cuadros de artistas famosos como Rembrandt, Picasso y Botticelli.
Cada cinco o seis metros, unas pequeñas mesas con cajones servían para guardar velas y fósforos. Sobre ellas, los veladores color marfil daban al espacio una iluminación calida y agradable. Todo guardaba una armonía sorprendente y se caracterizaba por su orden y pulcritud.
El primer piso se dividía en dos amplios recintos. A la derecha la biblioteca y en el lado opuesto la sala de estar. Este salón. de techo alto y sillones de cuero, era el lugar común para desarrollar las actividades sociales de la residencia.
La ultima reunión tuvo lugar la semana pasada con la excusa de despedir a los jóvenes que volvían a sus hogares. En su mayoría provenian de la Prov. de Buenos Aires, a excepción de Maria Eugenia que era de Neuquén y Pilar Santillán que era nacida en Perú.
Recuerdo que en esa velada no dejé de observar a Jazmín, llevaba una pollera liviana color amarillo pastel y una musculosa blanca, la cual producía un efecto contrastante con la tonalidad de su piel bronceada. Solo desviaba mi atención hacia otro punto cuando notaba que Tincho, su novio musculoso, me observaba fijamente como tratando de intimidarme. Mi reacción consistía en clavarle los ojos con una mueca de incredulidad, bizco y achinado, como si no supiera porque se estaba fijando en mi.
Tuve esa noche la oportunidad de jugar a las cartas con mi admirada. Aunque no era un experto en el juego de canasta, el solo hecho de jugar con Jazmín me alentaba a hacer las mas dispares y arriesgadas jugadas, las cuales siempre terminaban en horrendos puntos negativos. Igualmente a ella no parecía preocuparle, mas bien se divertía y respondía con una sonrisa cada vez que yo desalineaba toda su estrategia de juego.
En cierto momento, luego de finalizada la olvidable partida, me dispuse a atacar con ahínco una mesa de bocadillos fríos. Como nacido en la sombra, apareció Tincho y portando gestos de enemistad me preguntó si tenia algún inconveniente con él y su novia. Mi respuesta fue lo menos convincente que dije en mi vida, le comenté que me parecía que hacían una excelente pareja y que sin lugar a dudas estaban hechos el uno para el otro. Su desconcierto fue tal que agarró tres arrolladitos de pollo se los introdujo de una vez en la boca y mirándome de reojo dió media vuelta y volvió a sentarse en el sillón al lado de su prometida.
Es curioso como las personas responden ante la ironía. Siempre utilicé ese recurso cuando me sentía amenazado o en ocasiones donde mi integridad física corría peligro.
Recuerdo una vez en el colegio cuando un compañero me desafió a que peleáramos en el callejón que se ubicaba dos cuadras de allí. Mi respuesta fue un contundente si, porque por mas que no lo quisiera hacer, mi negativa quedaría plasmada como un acto de cobardía.
Así, nos dirigimos al punto del encuentro. Él estaba custodiado por los alumnos mas grandes y populares del colegio. Por el contrario mi humanidad, solo era acompañada por Pablo, un flacucho desgarbado que desbordaba timidez. Como presentación vale que recuerde que tiempo después, me enteré que no realizó el servicio militar obligatorio por no guardar concordancia sobre las medidas mínimas de tórax y altura que se requerían para ingresar.
Parado frente a mi rival, lo animé a que comenzara a pegarme. Sin embargo el no amagaba a realizar ningún movimiento, solo atinaba a mirar hacia los costados y retrocerder. Armado de valentía ante lo insólito de la situación, lo apresuré recordándole en forma prepotente que fué él quién me retó en este encuentro, así que estaba dispuesto a que me propinara sus golpes. Él continuaba inmune y callado. Sus defensores se impacientaron y comenzaron a insultarlo a la vez que lo empujaban. Habían tomado conciencia acerca de lo cierto de mis palabras y que si él me había desafiado tenia que comenzar la pelea. Aprovechando la oportunidad, avancé dos pasos y lo increpé diciendo que la próxima vez que me desafiara se asegurara que no me hiciera perder el tiempo. Dicho esto, me volví al colegio con Pablo que desbordaba de alegría. No puedo evitar mencionar que sus felicitaciones elocuentes no ayudaron a que deje de temblar como asi tampoco evitó que mojara mis pantalones con un riego de orina anaranjada.
De repente, los gritos de una mujer me sobresaltaron apartándome de los recuerdos de la ya lejana época escolar. Era sin lugar a dudas la voz enérgica y grotesca de Elvira, el ama de llaves de la residencia. Con los primeros alaridos, no logré adivinar el significado de sus vociferaciones. Me encontraba desorientado y no podía enfocar mentalmente de donde provenían y por sobre todo cual era su motivo.
De pronto como si una nube espesa diera lugar a los rayos de un sol furioso, lo escuché con total claridad.
- ¡¡Esta muerto!! ¡¡Esta muerto!!!
Me incorporé y avancé corriendo en dirección a la salida de la biblioteca. Al cruzarla, me tropecé con Jazmín que no había llegado a salir cuando se escucharon los primeros gritos. Subimos corriendo los peldaños de la escalera como si nos persiguiera el mismísimo demonio. En el segundo piso, todo estaba en orden a excepción de Fabricio que asomaba de su habitación con el torso desnudo y gestos desencajados. Subimos al siguiente y nada, estaba desierto. Mientras accedíamos al último piso, calculé cuantos estudiantes habría en la residencia a esa altura del mes de Diciembre, sin lugar a dudas no serian mas de diez.
Cuando alcanzamos el último escalón observamos que la puerta de la habitación de Quo Lee estaba abierta. Corrí hacia ella mirando hacia atrás y viendo que Jazmín se había quedado al pie de las escaleras haciéndome señas de que vaya a ver que sucedía. Ella no podía correr mas, estaba exhausta.

2 comentarios:

andrea dijo...

ahhh bueno! no sera mucho suspenso...:-)???
Mas accion para el proximooooo!!!!aunque sea un poquito jeje...pero va bien encaminado.

Anónimo dijo...

CHAM!!! MUCHO SUSPENSO, QUE EL PROXIMO SEA MAS CONCRETO NO NOS PODES DEJAR ASI...