5 de octubre de 2006

Un enigma oriental // Capítulo 2



Un enigma oriental
Por Estanislao Zaborowski




Capítulo 2

Concluía el año, y se acercaba el momento de rendir los últimos exámenes.
Por suerte, había promocionado dos de las materias cursadas y aquello me permitía preparar los finales restantes con mas tiempo.
Me acostumbré rápido a la forma de vida de Buenos Aires, que si bien se parece mucho a Bahía Blanca, la vorágine no era la misma.
Al no tener la necesidad de trabajar, me quedaba toda la tarde en la residencia para evitar retrasarme en el dictado de los cursos. No tenía actividades extras ni amigos con los cuales reunirme. Solo visitaba alguna que otra vez a Sebastián, que trabajaba todo el día en una casa de fotocopiado.
Debo reconocer que soy reacio a relacionarme con los otros estudiantes que vivían conmigo. Según mis observaciones, en sus charlas solo se hablaban de dos cosas; las mujeres y el fútbol. Lo cual significaba para mí un contratiempo ya que no tenía mucha experiencia ni sabiduría en ninguno de los dos temas.
Por el contrario, prefería hundirme en mis pensamientos a tener que mantener conversaciones con personas que no me inspiraban confianza. Así, evitaba depositar en ellos mis miedos, incertidumbres o incluso mis proyectos. Pero ese sábado a la noche cuando Guillermo y Patricio Olosque, los hermanos que vivían en el tercer piso me invitaron a tomar unas cervezas, accedí de buena manera. Tenía que relajarme un poco para poder calmar los nervios de los exámenes que se acercaban.
Bajé las escaleras y me reuní con ellos en la planta baja para recorrer las pocas cuadras que nos separaban del reducto irlandés de la calle Rodríguez Peña. Nos acompañaban Gerónimo Quo Lee, un chino cuyos padres vivían en Tandil, y Pablo Reñaca, que tenia fama de ser mejor conquistador que Alejandro Magno.
Ni bien ingresamos en el bullicioso ambiente, me inundó una sensación de aturdimiento que pocas veces había experimentado. Era evidente que mi vida nocturna había quedado atrás, es mas, no recuerdo cercana en el tiempo alguna salida de un sábado por la noche.
Girando la cintura de par en par y con los codos extendidos paralelos al pecho, conseguí acercarme a la barra para pedir dos cervezas y tres “Éxodo de Neurona”. Un trago que según me comentó la mujer de la barra, estaba preparado con una mezcla de cuatro bebidas de diferentes colores. Obviamente ninguna de ellas era leche ni agua mineral sin gas. Cuando por fin pude acercame a mis compañeros con las bebidas, noté que mi remera era lo mas parecido a un arco iris. Gran parte del líquido multicolor que contenían los tragos, se había derramado durante el epopéyico trayecto desde la barra hasta la mesa. En ella, estaban los chicos observando en forma alternada mi remera desteñida y los hielos que bailaban graciosos sobre el escaso alcohol que aún quedaba en los vasos.
No había transcurrido una hora desde nuestro ingreso, cuando notamos que perdimos de vista a Pablo entre la apretada multitud del lugar. Era normal, según me comentó Guillermo, que por la mañana apareciera en la residencia después de haber pasado la noche con alguna señorita de fácil acceso.
Armándome de valor y siguiendo los consejos de Patricio, me acerqué a una morocha que se encontraba en el rincón. No es que la valentía sea mi compañera de andanzas, sino que soy conciente que una vuelta de cara mas, no dañaría mi autoestima.
- Creo que te conozco de algún lugar - dije mientras me secaba el sudor que se deslizaba por mi cuello.
- Me parece difícil, no acostumbro venir a este bar – sus ojos azules ni siquiera atinaron a mirarme.
- Yo no dije que te conociera de este lugar, es mas, puedo asegurar que te he visto en la facultad.
- ¿Estudiaste en Londres? – su mirada acompañó la ironía.
- No, no estudié en Inglaterra. Pero tampoco hace falta. Te puedo asegurar que el encanto de tus ojos se admira desde aquí.
Ni bien terminé de pronunciar esas palabras, se acercó una rubia y se la llevó de mi lado. No obstante cuando se alejaba dio media vuelta y me dirigió una sonrisa.
El ruido que acosaba mi cabeza se hacía mas profundo a medida que transcurrían las horas que permanecía allí dentro. Toda esa mezcla de conversaciones me recordaba al programa de cable que trasmiten vivo desde la bolsa de valores, con la excepción que allí todos los hombres están de traje y conversan en el mismo idioma, y en este lugar no había observado ninguna de las dos cosas. Es mas, en muchas oportunidades le hice notar a Patricio, como las personas gesticulaban para poder comunicarse, o intentaban con señas un tanto obscenas hacerse entender. Lo cual a juzgar por la resolución de esas escenas, dejaba claro que aquellos movimientos del dedo índice de una mano y el círculo cerrado de la otra, era un gesto universal. En cierta ocasión, noté como una mujer de gran contextura y pechos enormes que parecían brotar de su cuello, se acercaba a un morocho y le propinaba un golpe en la mandíbula que lo hizo dar media vuelta sobre si mismo. La mujer robusta no contenta con eso, le arrojó sobre el rostro el brebaje amarillento que contenía su vaso, y luego de balbucear algunas palabras inentendibles se alejó del rincón. En ese momento deduje que acercarme a la mujer y preguntarle lo que había sucedido no iba a ser una buena idea.
Ese pensamiento fue mi último recuerdo, a excepción del gesto inmutable y anonadado de Gerónimo cuando vio ingresar al reducto, a dos chinitas aparentemente gemelas (destaco aparentemente porque las chinas me parecen todas iguales) las cuales vestían una minifalda tan corta que cuando rozaban con las personas que pasaban a su lado, se le levantaban plegándose y dejaban entrever el color celeste pastel de su ropa íntima.
Las cervezas que bebí me marearon a tal punto, que en cierto instante perdí la noción de lo que sucedía a mi alrededor.

3 comentarios:

KARI dijo...

ME GUSTÓ ESTANIS!!!! Ya quiero leer el 3. BESITOS!!

Anónimo dijo...

A MI TMB ME GUSTO... PERO YA ES LA 2 SEMANA QUE ESTA ESTE CAPITULO... Y EL TERCERO PARA CUANDO? :)

Lucho dijo...

Nuestro héroe tiene razón en decir que los chinos son todos iguales.
Lo son!

Que siga el enigma!