23 de noviembre de 2025

La trilogía de la niebla – Carlos Ruiz Zafón

Si alguna vez buscaste un libro que enganche a un adolescente desde la primera página, seguramente alguien ya te recomendó a Carlos Ruiz Zafón. Antes de convertirse en el autor de La sombra del viento, Zafón escribió tres novelas juveniles que hoy siguen siendo pequeñas joyas: El príncipe de la niebla, El palacio de la medianoche y Las luces de septiembre.

Aunque se las conoce como trilogía, la verdad es que no continúan una misma historia: cada libro es independiente, con personajes y escenarios distintos. Lo que los une es el tono: ese aire misterioso, ligeramente gótico, que Zafón maneja como nadie, y que convierte lo cotidiano en algo inquietante… pero muy accesible para lectores jóvenes.

Cada novela ofrece algo diferente:
Una nos lleva a una costa llena de secretos enterrados; otra a las calles vibrantes y calurosas de Calcuta; y la última a una mansión envuelta en sombras y autómatas que parecen tener vida propia. Pero todas comparten un estilo envolvente que va mezclando la aventura, la amistad, siempre está la valentía y algo de magia oscura, sin pasarse nunca de la raya. 
Zafón para mi sabe sugerir muy bien, no mostrar nunca algo de más, siempre te deja en el punto justo. 
Por eso funcionan tan bien con adolescentes: los desafían, pero no los abruman.

En cuanto al ritmo, las tres son lecturas rápidas, con capítulos cortos y cliffhangers que dejan con ganas de seguir leyendo, y quizás terminarlo en una o dos sentadas. El tipo de libro que “por las dudas” le das a un chico/a para ver si le gusta leer y antes de terminarlo ya te está pidiendo otro.

Acá viene lo importante si sos padre, madre o estás buscando un regalo para un adolescente para las próximas fiestas:

El príncipe de la niebla: ideal desde 12/13 años.
El palacio de la medianoche: funciona perfecto entre 14 y 16 años.
Las luces de septiembre: también lo recomiendo para 14–16 años, especialmente si les gusta lo gótico light.

En general, creo que la colección completa es perfecta para chicos/as a partir de los 13 a 16 años.
No tiene violencia explícita, no tiene contenidos problemáticos, y sí tiene muchísimo ambiente, misterio y aventura.

En resumen, La trilogía de la niebla es una puerta de entrada perfecta al universo Zafón y, sobre todo, una manera segura de enganchar a chicos que están entre los 13 y los 16 años y buscan historias con emoción, misterio y una atmósfera que atrapa.

Lo que dicen las contratapas:

El príncipe de la niebla: El nuevo hogar de los Carver está rodeado de misterio. En él aún se respira el espíritu de Jacob, el hijo de los antiguos propietarios, que murió ahogado. Las extrañas circunstancias de esa muerte solo se empiezan a aclarar con la aparición de un diabólico personaje: El príncipe de la niebla, capaz de conceder cualquier deseo a una persona a un alto precio.

Las luces de Septiembre: Un fabricante de juguetes que vive recluido en un caserón poblado de seres mecánicos y sombras del pasado... Un enigma en torno a extrañas luces que brillan entre la niebla que rodea el islote del faro. Una criatura de pesadilla que se oculta en lo más profundo del bosque... Con un ritmo cinematográfico de suspenso creciente, el celebrado autor de La sombra del Viento cuenta aquí la historia de la familia Sauvelle y el misterio de la mansión Cravenmoore.

El palacio de la medianoche: Calcuta 1932: El corazón de las tinieblas. Un tren en llamas atraviesa la ciudad. Un espectro de fuego siembra el terror en las sombras de la noche. Pero eso no es más que el principio. En la víspera de cumplir los 16 años, Ben, Sheere y sus amigos deberán enfrentarse al más terrible y mortífero enigma en la historia de la ciudad de los palacios.

Si querés regalar algo que combine calidad literaria, entretenimiento y un toque de magia, esta trilogía es una apuesta segura. Saludos, y nos leemos la próxima!

18 de noviembre de 2025

Elvis Presley: Unchained Melody

Al escuchar esta canción interpretada esa noche como si Elvis se estuviera despidiendo del mundo, y conocer la historia que había detrás, tengo que confesar que se me cayeron algunas lágrimas. 

La interpretación de “Unchained Melody” que Elvis Presley dio el 21 de junio de 1977, en Rapid City, South Dakota, no es solo una canción más: es un pequeño pedazo de historia capturado casi por accidente, en un concierto que formaba parte del especial Elvis in Concert.

En ese momento, Elvis ya estaba muy lejos del ícono de los años 50 y 60. Se lo veía agotado, con graves problemas de salud, y cada movimiento parecía costarle el doble. Pero cuando se sentó al piano, van a ver ustedes, que algo cambió. Fue como si por un instante recuperara toda su fuerza, toda su sensibilidad, y la volcara en esos minutos de música.

El detalle más hermoso (y más triste) es que Elvis insistió en tocar él mismo el piano, algo que no solía hacer en el último tiempo. Se acomoda, respira profundo, se equivoca un segundo, sonríe… y arranca. Y lo que sale de ahí es una voz que no coincide con el cuerpo vencido que vemos: es firme, poderosa, desafiante. Como si en esa canción hubiera guardado lo último que tenía para dar, su despedida.

Hay algo muy humano (y de un significado enorme) en cómo Charlie Hodge le sostiene el micrófono, casi con cuidado de no lastimarlo. Y hay algo muy sobrecogedor en escuchar a Elvis llegar a esas notas altísimas, sabiendo que estaba a solo dos meses de morir. La gente aplaude, él hace una broma, y por un momento parece que todo está bien, como si esa noche pudiera seguir repitiéndose para siempre.

Pero no iba a repetirse. Y quizás por eso esta versión quedó grabada en la memoria colectiva: porque no es en absoluto perfecta, porque no es pulida… pero es lo más brutalmente honesta, frágil y, al mismo tiempo, gigante que he visto. Es Elvis aferrándose a la música cuando ya casi no quedaba nada más.

Esa noche en Rapid City no solo se cantó un dulce tema. Se cantó un pedazo de despedida. Y por eso, cada vez que suena esta versión de “Unchained Melody”, siento una gran nostalgia, pero también admiración: la última chispa de un artista que, incluso al borde del final, podía iluminar un estadio entero.

Se las dejo a continuación, y diganme si no ven ustedes, como vi yo, como el final de una vida va brotando de su voz:


Voy a escribir la reseña del film Elvis de Baz Luhrmann para la próxima entrega de Cine de Domingo. Saludos!

16 de noviembre de 2025

Cine de Domingo: To Walk Invisible – The Brontë Sisters

Esta película realizada por la BBC en el año 2016, dirigida por Sally Wainwright cuenta los últimos años de Charlotte, Emily y Anne Brontë, y lo hace desde un ángulo muy íntimo.

No vas a encontrar el típico romanticismo victoriano: acá hay viento envolvente, casas que crujen, deudas, silencios incómodos y un hermano —Branwell— que se va deteriorando frente a sus ojos. Ese lado más crudo le da una fuerza inmensa al relato, porque muestra lo difícil que fue para ellas crear en el medio del caos.

To Walk Invisible es una de esas películas que, si te gustan los libros o simplemente te interesa saber de dónde salen ciertas voces literarias, te atrapa sin necesidad de grandes artificios. Es sobria, cuidada, y muy humana. En esta ocasión Sally Wainwright decide correr el foco de “las grandes escritoras” para mostrar a tres hermanas tratando de sobrevivir en un mundo que no les daba demasiado (decir demasiado ya es mucho) lugar, mucho menos para escribir.
Uno de los grandes aciertos es cómo se muestra la dinámica familiar. Las actrices que interpretan a las hermanas tienen una integración muy atractiva: Charlotte con su mezcla de disciplina y vulnerabilidad, Emily más salvaje y hermética, y Anne con su sensibilidad a veces desbordante. Sin estridencias, cada una sostiene su lugar dentro de una casa que les queda chica para tanto talento y tanta tensión.

Visualmente, la película es muy sugerente en el sentido de captar la esencia de ese tiempo y lugar en la historia. La recreación de Haworth es impecable: los paisajes grises, la lluvia persistente, el interior de la rectoría… todo ayuda a entender de dónde viene ese tono tan particular que tienen sus novelas. Lo mismo con el vestuario, que no deslumbra pero aporta autenticidad en cada detalle.

El ritmo es pausado, muy británico. Pero funciona, porque te mete de lleno en esa sensación de encierro y resistencia que marcó la vida de las Brontë. Y cuando llega el momento en que sus libros —firmados con seudónimos masculinos— empiezan a circular, el impacto emocional es real, te pone en el lugar de entender lo que les costó escribir cada una de las páginas de sus historias.

En resumen, creo que To Walk Invisible es una película ideal para quienes aman Jane Eyre, Cumbres Borrascosas o Agnes Grey, pero también para quienes quieran ver cómo nacen las voces que cambiaron la literatura. No es un drama espectacular ni tampoco lleno de sorpresas; es más bien una mirada honesta, sensible y sobretodo respetuosa.

Y cuando termina, te va quedar esa mezcla de admiración y quizás un poco de tristeza que siempre dejan las buenas historias.

Les dejo también un preview:


Espero les haya gustado, y creo que también escribiré pronto mis reseñas sobre las novelas de las hermanas Bronte. Hasta la próxima!

14 de noviembre de 2025

Javier Marías: El escritor atmosférico

Hola! Me dieron ganas de hacer una breve guía de como leer a Javier Marías, según mi experiencia y de todos los libros que leí de su vasta producción. 

Para mi leerlo es como entrar en una conciencia que va pensando mientras narra y narra mientras piensa: examina cada instante, lo detiene, lo zarandea y lo vuelve inquietante.

1. Empezaría con Corazón tan blanco, es una novela relativamente accesible dentro de su bibliografía y contiene todos los "rasgos maríasicos" que después se encuentran en los otros libros: Frases envolventes y musicales; un narrador que reflexiona mientras va relatando los hechos; la obsesión por los silencios, lo que no se dice; y una intriga que se balancea entre lo moral y lo cotidiano.

2.Seguiría por Mañana en la batalla piensa en mi, es mas oscura y entrevesada pero uno ya viene preparado si ha leído antes al autor porque profundiza en su estilo. Tiene una gran densidad emocional.

3. Seguiría con dos novelas que juntas (aunque son historias separadas) forman un díptico metaliterario. Estas son: Todas las almas y Negra espalda del tiempo. Creo que leerlas seguidas produce la experiencia maríasica ideal: la ficción contaminando la vida y la vida contaminando la ficción.

4. Después seguiría sin dudas con la trilogía Tu rostro mañana (Fiebre; Baile y sueño; Veneno y sombra y adiós) Es su obra mas importante sin dudas, pero para disfrutarla se debe haber afinado el instinto lector al ritmo de Marías. Acá entra todo el repertorio de los temas que más lo carcomían: la traición, la interpretación del gesto ajeno, la manipulación del poder y sin dudas el peso del pasado. Además, leer esta trilogía es entrar en uno de los proyectos narrativos más ambiciosos de la literatura española contemporánea.

5. Para terminar, leería Los enamoramientos, aunque muchos la pondrían primero en la lista a esta novela porque es mas lineal y transparente, pero a mi parecer está mejor leerla cuando ya conocés todas las obsesiones del autor.


Creo que más adelante voy a escribir mi reseña de Corazón tan blanco, porque es una novela que nadie debería dejar de leer, es un pasaje a un mundo de vastos silencios significativos.


15 de diciembre de 2014

Entrevista a Leonardo Padura

Estoy comenzando a leer "El hombre que amaba a los peros", el primer libro que agarro de este escritor cubano. Este 2014, -en el mes de mayo- visitó la Argentina, y aquí les dejo una entrevista que le hizo el diario La Nación.
Saludos!

Leonardo Padura: "La realidad cubana es demasiado peculiar para explicarla con prejuicios a favor o en contra"

Dice que la escritura fue su tabla de salvación, que lo rescató de la locura y la desesperación en los años noventa cuando la crisis de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) arrasó las promesas y los sueños de la utopía socialista y sumergió a Cuba, su patria, el país en el que vive y al que vuelve después de sus múltiples viajes al exterior, en una crisis inimaginable.

Leonardo Padura, el periodista y escritor que cautiva a miles de lectores en todo el mundo y que ha desatado una verdadera "Paduramanía", que escribe en Cuba sobre Cuba y que no ahorra críticas demoledoras a esa utopía trunca en sus múltiples novelas y trabajos periodísticos escritos para una agencia de noticias internacional, lo dice pausada y cálidamente, desde la isla, en una conversación telefónica pautada en vísperas de su llegada a la Argentina.

El sábado próximo presentará, en la Feria del Libro de Buenos Aires, El viaje más largo (Capital Intelectual- Futuro Anterior), un libro que compila crónicas periodísticas escritas en los años ochenta y noventa, que conforman una travesía por la identidad cubana a través de algunos momentos, hitos y personajes.
Esos trabajos, escritos en un momento singular para el periodismo cubano -que dio lugar a la experimentación y al vuelo literario-, hoy sorprenden por su vigencia y la calidad de la escritura.

"Los escribí pensando en textos que no murieran con su publicación y que tuvieran una existencia un poco más dilatada. Me agrada mucho que esos trabajos escritos hace tantos años se publiquen, se editen y se estudien en las escuelas de periodismo como una forma de utilización de las técnicas narrativas, del lenguaje, del oficio literario", relata.

Después de ese paréntesis creativo en la historia del periodismo cubano, en los años 80, Padura explica que hubo un retorno a una prensa "politizada y utilitaria" que presenta "una imagen edulcorada del país". Autor de El hombre que amaba a los perros - una novela sobre Trotsky y su asesino, Ramón Mercader- y una saga de novelas policiales que tienen por protagonista al ya célebre detective Mario Conde, Padura reconoce en Conde una suerte de alter ego, atravesado por la nostalgia, el desencanto y la desilusión de esa revolución que no fue y de ese futuro prometido que no llegó como lo esperaban.

-De todas las herramientas de trabajo usted ha elegido la palabra. ¿Por qué?
-Seguramente porque fui incapaz de ser un buen jugador de béisbol, y porque habría sido un desastre si hubiera intentado hacer alguna labor manual, la que sea, o porque no tengo vocación para el espectáculo y por lo tanto no podría ser actor ni político. En fin, porque es lo mejor que sé hacer, creo que lo único que sé hacer, y la palabra es la reina de la comunicación: existió antes que la literatura y va a existir después de la era digital. Y la palabra me dio esa posibilidad de satisfacer lo que se convirtió en una necesidad: comunicar algo.

-¿Comunicar qué?
-Las más disímiles actitudes, realidades, sentimientos. Cuando uno escribe literatura o periodismo tiene que preguntar para qué lo escribe. Y muchas veces la respuesta a esa pregunta está en un pequeño detalle de la vida cotidiana o en un gran acontecimiento. Depende de muchas razones que no siempre son las mismas. A veces veo a una persona y eso me da pie para crear un personaje literario o escribir una crónica periodística, pero siempre tratando de que eso tenga una dimensión dentro de la sociedad que yo vivo y me permita comunicar una historia de esa sociedad y le permita al lector, identificarla.

-De todas maneras, su caso es atípico: vive en Cuba, escribe sobre Cuba y sus textos periodísticos y literarios no se publican en Cuba, sino en otros países.
-Es cierto. Es una situación extraña: hacer periodismo sobre una realidad y que dentro de esa realidad no tenga un efecto o una relación directa con las personas que la conforman. Pero hay una relación indirecta; de una forma u otra, muchos de esos textos circulan y se leen bastante en Cuba. Tanto que con muchísima frecuencia me encuentro con personas que me hablan de un texto mío que escribí hace dos años como si lo hubiera escrito la semana anterior, porque fue entonces que lo leyeron. Y tanto circulan en ese medio alternativo que últimamente me ha ocurrido algo que no es extraño pero tampoco es agradable, y es que determinadas personas han puesto a circular textos como si los hubiera escrito yo, pero que no son míos.

-¿Cómo se combaten las propias limitaciones, los propios obstáculos a la hora de escribir?
-El mío es trabajar mucho. Escribo varias versiones de mis novelas. La escribo, la reviso, la doy a leer, la vuelvo a escribir, la vuelvo a revisar, la vuelvo a dar a leer, la vuelvo a reescribir y así hasta llegar a un punto en que esté conforme con lo que he escrito. El resultado de mi trabajo es un empecinamiento, una lucha por tratar de decir del mejor modo posible lo que quiero decir. Y esa es también mi actitud con respecto al periodismo. Ahora mismo estoy escribiendo un reportaje que explique qué cosa es la vida en Cuba. Lo he comenzado cuatro veces y todavía no estoy conforme.

-Pero escribe en Cuba sobre Cuba. ¿Eso no facilita la escritura?
-El problema no es tener la experiencia. Muchas personas tienen la experiencia, pero no tienen la capacidad de comunicar esa experiencia y de hacerlo de la mejor forma posible. Y eso se logra únicamente con mucho trabajo.

-¿Cuánto hay del desencanto, del escepticismo, de la desilusión de su personaje el detective Mario Conde en Leonardo Padura?
-Hay mucho. Hay una relación muy estrecha entre el personaje y yo. Mario Conde en la novela es mi forma de expresar la realidad cubana. Son los ojos míos para ver la realidad. Mario Conde es un hombre típico de mi generación que arrastra la nostalgia, el desencanto, las esperanzas perdidas, las ilusiones todavía existentes de mi generación y a través de él yo he conseguido poder expresar mis propias relaciones con la realidad que se ha vivido y se vive en Cuba.

-A cincuenta años de la revolución cubana, se advierte hoy esa promesa que no fue, ese anhelo trunco.
-Sí, tiene que ver con las promesas no realizadas. Yo recuerdo que se hablaba mucho del futuro, de un futuro que llegaría en algún momento y cuando ese futuro llegó, no trajo esas promesas que nos habían hecho. Más bien por el contrario, fue esa década del noventa en que mi generación está su momento de primera madurez y apogeo y nos sorprende una crisis que paraliza al país y que fundamentalmente paraliza a las personas. No hubo muchas posibilidades de desarrollo. Yo tuve la suerte de que mis posibilidades de expresión estaban en la literatura y que en esos años la literatura me salvó de la desesperación y de la locura. Escribí y publiqué muchísimo, y esa fue mi tabla de salvación en una situación material muy complicada para la vida de las personas y para el país en general.

-Usted participó de esa "primavera" del periodismo. ¿Se podría hablar de un interregno?
-Fue un paréntesis muy especial en el desarrollo del periodismo cubano, en el que hubo una serie de condiciones, como se dice habitualmente, objetivas y subjetivas que permitieron hacer un periodismo diferente. Y como en casi todo, lo importante es estar en el lugar correcto, en el momento adecuado. Y a mí me sorprendió en el lugar correcto, en el momento adecuado y pude hacer ese tipo de periodismo.

-Después de ese paréntesis se volvió a una prensa "politizada y utilitaria", como usted mismo la definió. ¿Qué lugar ocupa ese tipo de prensa? ¿Se lee?
-Tiene un lugar preponderante en la sociedad cubana en la medida en la que es la única prensa que circula de manera oficial. Lo que ocurre es que la credibilidad de esa prensa es mucho menor de la que debería tener. Hay un chiste un poco macabro en Cuba que dice "cuando quieras conseguir comida, o leche o lo que sea, búscalo en el periódico o en el noticiero de televisión". Ese periodismo es una imagen edulcorada del país y la gente la asume con esa distancia.

-¿Por qué cree que después de la década del 80 el periodismo cubano no volvió a experimentar innovaciones como aquellas de las que usted fue parte?
-Porque en la década del 90 prácticamente desaparecieron los periódicos y revistas cuando dejó de llegar el papel que enviaba la URSS. Sin ese soporte, era imposible hacer periodismo, y sólo quedó espacio para la propaganda oficial, salvo alguna que otra excepción en las publicaciones culturales que con mucho esfuerzo sobrevivieron. Después, a finales de la década del 90, comenzó a haber una recuperación de espacios físicos, pero se mantuvo la evidente regresión en los espacios de creación, información y análisis, por lo que fue imposible soñar siquiera con aquel periodismo literario de los años 80. Se utilizó la prensa como mecanismo de propaganda estatal y no hubo ese espacio de libertad. Hoy, con espacios alternativos -revistas, blogs- existe un periodismo diferente, pero muy poco divulgado, y por lo tanto, con efectividad limitada. Lo mejor de la prensa cubana de hoy está en los análisis, en los artículos periodísticos, los fuera de la prensa más oficial.

-¿Se puede hacer "periodismo militante"? ¿En qué medida el militante se traga al periodista?
-Se lo traga completo. El militante obedece al Partido. El Partido decide y manda. El periodista entonces desaparece.

-¿Qué errores o distorsiones se cometen cuando se mira a Cuba desde afuera? Me refiero a los que tienen una mirada idealizada de Cuba o a los que ven en ella a una dictadura feroz.
-Conocer una realidad como la cubana es un desafío. Resulta demasiado peculiar, singular, sin paralelos como para poder entenderla por comparación u oposición, o para intentar explicarla a partir de un par de prejuicios, a favor o en contra. La realidad cubana muchas veces toca el absurdo, diría que es una realidad que en ocasiones se convierte en irreal. Por eso la premisa más importante para intentar una interpretación de la realidad y la vida cubana es vivirla, pues sólo así se puede empezar a entender algo, aunque nunca se entenderá todo. Yo vivo en Cuba y escribo sobre lo que veo, conozco, sé, experimento. Nunca intento hacer suposiciones y por eso me molesta tanto que me pregunten mis predicciones sobre el futuro de Cuba. Hablo de la realidad concreta, tal y como yo la veo, pero sin deformar esa realidad. Por eso creo que puedo escribir sobre Cuba viviendo en Cuba y dar una imagen que si no es la realidad, sí se parece bastante a ella.

-¿Cómo definiría su posición dentro de Cuba? ¿Un crítico tolerado? ¿Cómo ha construido y defendido ese espacio de autonomía e independencia que tiene usted allí?
-Soy un escritor independiente y un periodista que no vive de ese oficio, pero que no deja de practicarlo, aun cuando mi trabajo de los últimos casi 20 años se haya publicado más fuera de Cuba que en Cuba. No sé si soy tolerado, si alguien lo pensó y me dio esa categoría, lo que sí sé es que he podido hacer mi trabajo reciente sin que nadie me moleste. Aunque, claro, pago el precio de que mi periodismo no se divulgue en Cuba, que la gente tenga que leerlo de manera aleatoria, cuando alguien reenvía por correo electrónico alguna de mis crónicas. Pero es un precio que pago con agrado, a cambio de libertad.

-¿Cuán profunda es la "apertura" económica, política y social que se está difundiendo fuera de Cuba últimamente?
-No sé si es profunda, creo que no, pero es una apertura con algunos elementos interesantes que están moviendo aspectos de la vida económica y social cubana, aunque sea de manera muy tímida. Hoy son más las personas que viven en el país sin depender del Estado, son más las que viajan al extranjero y se quedan o regresan, más los que obtienen mejores dividendos por su trabajo, y eso es importante, da movilidad a la estructura social y, a la larga, dará movilidad a la estructura política. En la vida intelectual, por ejemplo, la relación de los independientes con el Estado es ahora sobre todo fiscal, pero no hay que pedir permiso para viajar a un sitio, publicar, exponer o actuar, hacer una obra personal comprometida con el arte y no con las instituciones. Aunque falta mucho por ganar, sobre todo en el mundo de los medios.

-Me gustaría una definición suya sobre el régimen cubano.
-Sucede en este caso lo mismo que en otros, en los que se trata de explicar a Cuba a partir de modelos establecidos (o pre-establecidos) que no consiguen expresar la peculiaridad del caso cubano. Cuba es un país donde existe una trinidad de poder: el Estado-Gobierno-Partido (único) ejerce el poder a través de la misma persona y confunde sus atribuciones, las mezcla, las une. Incluso, se identifica esa trinidad con otro binomio, el de patria-nación, y el resultado es un quinteto de elementos reales y abstractos reunidos en un solo poder. Cuba es verdaderamente socialista, al estilo siglo XX, y su estructura política es típica del sistema, con elecciones y legislaciones que responden a esa estructura. Cuba es simplemente un país donde gobierna un partido único con un líder máximo que es a la vez presidente del consejo de Estado y del consejo de ministros, o sea el gobierno.

-Usted habló de un futuro que no llegó como lo esperaban. ¿Cómo le gustaría que fuera Cuba en un futuro? ¿Qué país anhela?
-¡Esta es la pregunta que nunca me deberían hacer! Todavía no tengo la bola mágica. Y como anhelo. pues anhelo la normalidad. Un país que sea normal, no excepcional.


25 de mayo de 2013

Césped / Estanislao Zaborowski


Césped
Por Estanislao Zaborowski
La oscuridad cede, se arrincona suplicando minutos que mi hermana ignora, y percibo el amanecer levitar en la habitación antes de abrir mis ojos al sol. De espalda, sus órdenes me saben a traición; como la de Danglars, el primo Fernando y las mil noches en el Castillo de If.
Sus pasos la alejan, un portazo seco se perdió en la distancia. En vilo, escucho que en la cocina la radio asegura para hoy veintinueve grados sin grises; después suena un tema que no conozco.
La ducha es tibia, el vapor de baño me envuelve en plata etérea, a veces cómplice; a veces asfixiante. Golpean la puerta, se quién es. Solo una queja se escucha: ¡Dale estúpido!. Así grita mi hermana cuando las discusiones en la mesa se van en pellizcos y tobillos morados. Creo que aún me odia porque el verano pasado no la defendí. Porque la tarde que perdió unas matas de pelo en los puños de la prima Isabel, no la defendí. Ni fui tras ella cuando su corrida dejó quebradas las margaritas del jardín. Estas vacaciones no vamos a ir a la casa que tienen mis tíos en la costa, ni Josefina pisará sus flores. Mi madre dijo que nos quedábamos en casa, y repitió la otra noche en la cena: En la colonia te vas a hacer de muchos amigos. La ducha es tibia, mi torso brilla como si fuera un espejismo a punto de romperse.

No recuerdo que más tengo que guardar en el bolso; el aroma a mermelada y pan tostado arremetió por debajo de la puerta, colmó la habitación de un sabor dulzón. El traje de baño, los botines para fútbol, las cartas de star wars y el conde de Montecristo. Freno antes de bajar la escalera, el pasillo apenas iluminado parece un fantasma desnutrido. En la habitación de Josefina se escucha música, de niñas. Me acerco despacio, como caminan los ladrones; taco planta y punta. Ella abre la puerta de golpe, casi cuando estaba apoyando mi cabeza. ¿Qué hacés?, dice. No le respondo. Y después digo: ¿Justin Bieber?. Grita dos o tres palabras, y camina desairada hacia el corazón del fantasma, luego se mete en el baño.
Sin levantar la vista de la taza, le pregunto cuánto dura la colonia de vacaciones. Al responderme mi madre no se da vuelta, permanece con la vista fija en algo del otro lado de la ventana como si estuviera esperando a alguien. La radio continúa hablando del clima, ahora dice que por culpa del calentamiento global los veranos van a ser más largos y los inviernos más cortos, eso es tener mala suerte. Y antes de poder preguntarle si ella usa bolsas para reciclar, mi hermana se sienta en la mesa. Lleva puestas dos hebillas una a cada lado de la cabeza. Su frente queda despejada, da la sensación de ser una chica inteligente. A pesar de llevarme dos años, pienso que la diferencia no se nota. Le digo que le quedan graciosas, latiendo desprecio me trata de tarado. Pienso una respuesta pero no la digo porque mi madre se queja en voz alta. Dice que algo es increíble, como puede ese algo ser tan idiota. El ómnibus que nos tenía que pasar a buscar se olvidó de nosotros. Ya son las nueve pasadas, camina hacia el living para llamar por teléfono a la colonia. Ignoro el porqué, pero me acuerdo del acto de fin de curso del colegio. Fue en diciembre pasado, tuvimos que cantar un tema en inglés y otro en castellano. Una de las canciones es la de Serrat que habla de la libertad, y está inspirada en poemas de Antonio Machado. Entonces pienso que tengo bien presente esa canción porque cuando la preparábamos tuve una controversia con mi maestra de sexto grado; que no hubiese pasado si ella evitara usar minifaldas tan cortas. Es más, pienso que nada de lo que sucedió hubiera ni siquiera sido un rumor o una leyenda urbana, si la maestra no trepaba la escalera. Pero alguien tenía que colgar en el pizarrón la cartulina con la letra de la canción, y no hay ningún alumno en el curso más alto que ella. Así que cuando subió, varios nos acercamos. Y lo que creímos ver fue mejor que lo que vimos. Pero la maestra no pensó lo mismo cuando desde arriba se dio vuelta y nos vio al pie del primer escalón con la mirada puesta en su entrepierna. Por eso varios salimos del aula corriendo a pesar de escuchar risas en el salón, y solo volví dos días después con una carta de disculpas en el pantalón, y una mejilla morada que derritió varios hielos hasta recuperar su rosado habitual.

Josefina en el asiento de atrás tiene los auriculares puestos. Son grandes, de cuero blanco y le tapan toda la oreja. Mi madre mira fijo el semáforo, como si se estuviera concentrando para cambiarlo de color con poderes extrasensoriales. Pero el rojo no cambia. En realidad cambia uno de los dos; el que es para doblar. Pero nosotros no doblamos y entonces mi madre resopla.
Van a llegar un poco tarde, dice mirando el espejo retrovisor, justo cuando el semáforo se pone verde. Le tocan bocina. Otra vez se queja, ahora susurra por lo bajo: Imbécil. Al cabo de algunas cuadras, dobla para tomar una calle más ancha. Todavía no hay mucho tráfico, son las nueve y media. Acelera en la avenida, los árboles con sus copas al viento parecen correr hacia el otro extremo. Se escapan, corren gigantes agitando sus armas: Huyen de la colonia. Al llegar, Josefina cierra el auto de un portazo, se acerca a la ventanilla del conductor, le da un pequeño beso en la boca. Abro la puerta del acompañante y siento que mi madre me sonríe, pero no me mira aunque tenga los ojos clavados en mi.

Caminamos hasta el arco donde se encuentran las casillas de ingreso, al cruzarlo el sendero se divide en dos. Un cartel indica a la derecha el vestuario de varones, el de mujeres al fondo. Josefina se va directamente sin siquiera saludarme, supone que la veré después. Es eso, o su total desinterés. Pienso en lo segundo justo cuando en la entrada del vestuario alguien pregunta si tengo el certificado médico para entrar en la pileta. Le digo que no, y el señor pone cara de apenado. Entonces no vas a poder entrar, dice. Tampoco es que me interesara mucho respondo, y le agrego que vengo a la colonia de vacaciones.
El club es enorme, el mapa que estuve mirando en el vestuario decía que tiene una pileta olímpica, cuatro canchas de futbol cinco, dos de rugby, dos de hockey; y un comedor con sector de parrillas. El grupo de la colonia está compuesto por varones y niñas de distintas edades. Fue difícil dar con ellos porque cuando al fin los encontré, bajo la sombra de unos cuantos árboles, la mayoría de mis conocidos ya se habían dispersado. Me siento sobre el pasto cerca de varios varones, saludo con la mano abierta. Un rubio de flequillo hace señas invitándome al círculo. Tiene la cara redonda como la luna, y piernas gruesas que parecen los panes caseros que los domingos hace mi madre.

El gordo en voz alta presenta al resto, por la apariencia doy cuenta que me llevan algunos años; luego pregunta mi nombre. Tardo en responder, a unos metros dentro de la pileta mi hermana conversa con dos amigas. La miro pero ella no se da cuenta porque esta de perfil riéndose. Pablo, que tiene una camiseta del barcelona, pregunta si conozco a las chicas. Le respondo que sí, que una es mi hermana. Entonces se miran entre ellos, se paran a mi lado preguntándome cuál es. Les digo que no se, y al instante simulando distracción uno pisa mi mano con el pie descalzo. Duele un poco, agito el brazo poniéndome de pie justo cuando de reojo veo que Josefina se echa a nadar hacia el otro extremo de la pileta. ¿Cómo que no sabes quién es?, dice el más alto. No le respondo, entonces me empuja medio metro hacia atrás. Le digo que no la reconozco porque todas tienen la gorra de baño. Acechan nuevamente, veo que uno se pone a mi espalda, pero no le puedo prestar atención porque acierto la jugada del más alto que se acerca con los brazos extendidos. Cuando siento su fuerza sobre el pecho, adivino que el gordo se había puesto en cuatro patas por detrás. Caigo pero no fuerte, el césped amortigua. Antes de poder levantarme el alto se sienta encima mío, con las rodillas me anula los brazos. Tengo un gusto amargo en la boca, el que juega en barcelona me obliga a comer tierra. Húmeda apenas tibia, como el agua en la ducha y envuelto en ella un golpe en la puerta; el insulto de mi hermana. Unas manos sacuden mi cabeza, y escucho la agresión. No le voy a abrir, que espere a que termine con el baño. El alto no deja de sacudirme, pero dentro del remolino exclaman mi nombre. Sueltan mis brazos, quedo un poco aturdido aunque ya sin escuchar los golpes en la puerta. Entre el calor que me gotea la frente, con los ojos apenas por abrir, veo la sombra preocupada de mi hermana. El sudor sabe a verde rocío de verano, y me arrepiento de no tener el certificado para entrar a la pileta.

Fin